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 Capítulo 2 – Arx (Fortaleza)

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MensajeTema: Capítulo 2 – Arx (Fortaleza)   Lun Jun 01, 2009 4:59 pm

-Capítulo 2 – Arx (Fortaleza)




Nick caminó pensativo por los pasillos de la universidad, ¿Por qué se había comportado así con Rose?
Después de tres años a su lado al parecer su determinación había flaqueado dando paso a sus instintos,
desde luego se merecía una medalla por imbecil del año, porque ella era muy lista y comprendería sus intenciones.
Sin embargo estaba tan preocupado…
Se dio cuenta que sentía algo por Rose poco después de haberla rescatado hacía ya tres años mas o menos ,
para ser exactos fue en navidades del mismo lapso.
El 24 de Diciembre por la noche se dirigió a su casa con un regalo, si es que a eso se le podía llamar regalo.
Recordó como había tocado al timbre en varias ocasiones pero nadie le abría la puerta, pasó bajo la nieve y
el frío como una hora. Abrazando con su chaqueta el regalo que le traía para que no se helara. Pero no se
movió de allí porque aun veía luz en las ventanas.
Finalmente, aquella chica de veintidós años le abrió la puerta, con esa cara glacial que no mostraba emociones.
-¿Por qué? ¿Por qué eres tan persistente? Deberías volver a tu vida y dejar la mía – le dijo.
-Yo solo te quería dar una cosa- respondió el con suavidad.
-No quiero la compasión de nadie- añadió con odio mientras intentaba cerrarle la puerta en las narices.
-¿Hasta cuando piensas esconderte tras tu fortaleza? ¿Para el resto de tu vida?- se aventuró a decir Nick al
tiempo que sujetaba la puerta para que no se cerrase-si mirases a tu alrededor descubrirías que hay gente
que espera que regreses. Como yo, que tan solo vengo a darte un regalo y me quedó esperando en medio
de la nieve.
Durante un tiempo ella sostuvo el forcejeo, esforzándose en cerrarle la puerta, pero a él no le costaba
mantenerse firme, mirándola con desaprobación.
En su mano izquierda Nick aun sostenía su presente.
-Esta bien – bufó Rose-Entra ya, hace…hace frío.
Nick abrió los ojos como platos y le sonrió mientras cruzaba por el umbral de la puerta sintiendo la calidez
de esa casa. Ella no dijo nada, lo hizo sentarse en la butaca de un salón de líneas contemporáneas con hermosas
láminas de cuadros famosos en sus paredes, la chimenea ardía intensamente. De repente le tendió una taza de
chocolate caliente sin mirarle a la cara. Él no pudo evitar reírse.
-¿De que te ríes? ¿Se te han congelado las neuronas?- preguntó secamente la chica ondeando su larga y lisa melena.
-Nada, solo me he dado cuenta que eres…-no terminó de hablar porque se escuchó un ligero gorgojeo procedente
de debajo de su chaqueta-Ah ,se me olvidaba tu regalo.
Nick quitó de encima la chaqueta, dejando a la vista una bella jaula de hierro negro que formaba unas rejas de
formas florales. Dentro había una bola, una bolita esponjosa de color blanco, que se movió impaciente dando
forma a un pájaro níveo pequeño, de ojos rojizos que batió sus frágiles alas.
La chica se arrodilló a sus pies fascinada, Nick pudo sentir como contenía el aliento mientras acariciaba la jaula.
-¿Para mi?- pregunto dubitativa. Al ver como él le asentía abrió la jaula y cogió al ave suavemente, que de modo
cariñoso cantó una suave melodía encaramándose en el dedo índice de Rose.
La madera de la chimenea crepitó arrojando chispas bailarinas en la estancia.
Y solo entonces, ella sonrió de una manera en la que el resplandor se reflejó en sus ojos ambarinos
- Gracias Nick , muchas gracias, lo cuidare como un tesoro- dijo mientras se enjugaba una lágrima.
-Bienvenida por fin al mundo de los humanos, Princesa- susurró para su adentros Nick sin saber porque ese calido
sentimiento se instalaba en su pecho y porque perdía la noción del tiempo escuchándola cantar con su voz angelical
el “Adeste fideles.” Acompañada por su pájaro, al que después llamó Albus.
-¡Cuidado!- la voz de un alumno al que casi tiraba al suelo le sacó de sus ensoñaciones, dándose cuenta que aún seguía
por la universidad, paseando por los pasillos.
-Perdona chaval-se excusó Nick centrando su atención en un grupo de alumnos que hablaban bastante alto.
-La profesora Mcdowell es genial, ¿Visteis como trató a la estúpida de Sasha Sanders?-chilló una chica.
-Si , es la mejor no solo por las clases sino por lo guapísima que es , creo que un día de estos tendré que suspender un
examen para poder ir a su despacho a comentar a que se debió mi suspenso- ese comentario procedente del chico le
produjo un pequeño pinchazo de rabia a Nick.
-Deja ya de fantasear Peter, seguramente tiene novio. No me extrañaría , tiene veinticinco años y por lo tanto es mayor
que tu.-respondió otra persona.
-¿Qué? Ella no tiene novio, porque si lo tuviera él vendría a visitarla o algo ¿No? Además solo es dos años mayor que
yo.- lloriqueó él tal Peter.
Desde luego aquellos chicos no sabían nada de Rose, pero el tampoco podía dárselas de entendido ya que ella apenas
le contaba nada.
-¡Nick! ¡Nick espera! ¡Espérame!- escuchó la voz de Rose lejana, seguramente vendría detrás suyo, oía sus tacones
ligeros sobre el piso. Hizo como que no la escuchaba y siguió andando más deprisa hacía la salida, pero los alumnos
de delante suyo no se apartaban y el tal Peter andaba más lento que el caballo del malo.
-¡Nicholas Smith! ¡Para ahora mismo! ¡No huyas de mi y lo evidente!- maldita sea, Rose estaba armando un buen
griterío, pero el no iba a parar.
Se dio cuenta que por fin estaba bajando la escalinata de la puerta y los estudiantes se habían echado a un lado
porque él estaba corriendo.
Si, iba a irse de allí lo más rápido posible para calmarse y hacerle ver a Rose que lo de antes había sido un error…
Desde su izquierda una imagen difusa se desplazo y se interpuso delante suyo. Era Rose , cargada con un monton
de folios los esparció delante suyo.
-Vaya, que torpe soy, ¿Serias tan amable de ayudarme a recoger, Nick?- dijo ella fingiendo una voz melodramática
aunque entrecortada por la carrera.
-Rose…-protestó él- tengo que irme y me echas el muerto.
Sin embargo obedientemente se puso a recoger los folios. Menos mal que no había aire, sino se podrían haber tirado
hasta el juicio final.
Mientras ella lo miraba con satisfacción y los estudiantes cotilleaban, Nick apostó su cuello a que próximamente
sería conocido por todos como Nicholas Smith el enigmático hombre perseguido por la profesora Mcdowell. Y
sorprendentemente la idea no le resultaba desagradable.
-Toma anda- dijo tras tenderle suavemente los folios- ahora vuelve dentro que tienes que dar clase.
-Tengo clase dentro de una hora, así que invítame a desayunar- respondió resuelta.
-¿Por qué?
-Umm déjame pensar- se acarició el mentón- ¿Tal vez por esto?- le mostró su muñeca, en la que había una pequeña
marca rosácea.
Sintió como si se lo fuera a tragar la tierra- Esta bien, vamos señorita estafadora.
-¡Viva!, entonces tomemos un helado- Rose se agarró de su brazo arrastrándolo a cruzar la calle. De fondo se alzaron
algunos alocados comentarios estudiantiles, sofocados grititos histriónicos y silbídos.
-Los estudiantes de hoy en día son unos inmaduros, no se les debe hacer caso- alegó descontento Nick.
-Si, tienes razón abuelito- respondió lacónicamente la chica.



A Rose le martilleaba el corazón dentro del pecho por la carrera precedentemente. Sin duda aquel
hombre corría como el demonio. ¡Menos mal que ella no se quedaba atrás!
Pero de todas formas le estaba costando parte de su salud, sin embargo no se sentía mal por ello, al
revés. Estaba eufórica sintiendo el sol, los olores y mirándole con detenimiento mientras iba
agarrada de su brazo.
-Nick- le llamó.
-¿Qué pasa?
-A pesar de este esplendido sol llevas esa chaqueta de cuero-le miró desganada- ¿No te estas cociendo?
¿O es que guardas otra jaula con pajarito dentro para estas navidades?
-Por supuesto que no, y recuerda que Albus se mantuvo calentito gracias a esta chaqueta. De todas
formas, si la llevo puesta es porque escondo algo- le cogió la mano y se la puso justo debajo de la
chaqueta, junto a su corazón. Rose notó la pistolera, le miró a la cara viendo una enigmática sonrisa
y no pudo evitar deslizar su mano por sus pectorales. Si, estaba escondiendo algo y ese algo tal vez
era lo bueno que estaba.
¡Pero que estaba pensando! No, no y no. Hoy estaba rara y esa era la única razón.
-Nick, allí esta la heladería italiana.
-Vaya, creí que me llevarías hasta algún sitio aun más anómalo. Se nota que lo que había que perdonar
no era para tanto.
-Ya claro, pues te vas a enterar. Porque pienso pedir la copa de helado más gigante que tengan y…-se cayó
en cuanto escuchó el móvil de Nick y como maldecía este por lo bajo al cogerlo.
-Dime Withcom – Nick se pasó una mano por el pelo corto- ¿Qué? ¿Ahora? No tranquilo, voy enseguida -hizo
una pausa- No te preocupes, tengo la moto cerca del lugar donde estoy-parecía molesto tal vez cansado
porque se apretó el entrecejo con el índice y el pulgar de su mano derecha.
Rose le sonrió apenada, la verdad es que a veces el trabajo de Nick era de lo más inoportuno.
-Lo siento Rose- dijo una vez colgado el teléfono- pero me temo que te debo un helado.
-Menudos métodos que tienes para escaquearte, pero que sepas que tengo muy buena memoria.
-Tranquila, dudo que se me olvide-miró el semáforo que de un momento a otro se pondría en verde para los
peatones- Hoy vuelve pronto a casa y haz que alguien te acompañe ¿Me lo prometes?
-Menuda tontería Nick ,siempre me voy sola a casa y a horarios muy diversos, no hay de que preocuparse.
-No, nunca te has ido sola.
-¿Perdón? ¿Qué insinúas? Yo se muy bien con quien o con quien no voy .Y desde luego me voy sola.
-Digo que no te vas sola porque aunque no te hayas percatado yo te sigo hasta que estas sana y salva en tu
casita- le susurró agachándose muy cerca de su cara, ya que rondaba el metro noventa de estatura- Cuídate
y haz lo que has prometido- se despidió con un beso en la mejilla.
-¡Espera Nick! ¿Qué quería decir eso último?- pero Rose no obtuvo respuesta, Nick ya se mezclaba entre los
peatones que cruzaban y desaparecía entre ellos.
Suspiró y decidió volver sobre sus pasos y tomar algo de desayunar en la cafetería universitaria. Pero algo
se lo impidió, la visión de un hombre rubio de penetrantes ojos negros.
-Fenrir...-articuló mientras daba un paso hacía atrás, dispuesta a correr todo lo que hiciera falta y más.

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